Archive en marzo 2019

Herramientas para mejorar la convivencia escolar

Un estudio elaborado por la ONG “Save The Children”, muestra que un 9,3% de los estudiantes encuestados considera que ha sufrido acoso en los dos últimos meses.

El problema del acoso escolar no solo se centra en el ámbito escolar, ya que los estudios muestran que casi en el 100% de los casos el acoso no termina cuando se sale de clase. Este continúa a través de las redes sociales. Por lo que se trata de un problema que afecta a todos los ámbitos de la vida de los niños y jóvenes.


La “Convivencia”, es un elemento fundamental en el proceso de aprendizaje. En primer lugar, porque aprender a relacionarnos en entorno social, cultural y afectivo en el que vivimos y, en segundo lugar, porque aprender a convivir es fundamental para el desarrollo individual y social de cada persona.

 Teniendo en cuenta esto, ¿cómo se educa para la convivencia?  En primer lugar, los expertos coinciden que las mejoras de la “Convivencia Escolar” empieza por la “Responsabilidad Compartida” de todos los miembros de la comunidad educativa, implicados directa o indirectamente en la educación: familia, directores, profesores, instituciones, agentes sociales, etc.

 
La educación para la convivencia requiere un planteamiento continuo que tenga en cuenta las múltiples variables. Un proyecto que abarque todos los aspectos de la convivencia exige fomentar la información, la participación, la comunicación y la colaboración.

Queda mucho por hacer, pero existen buenas prácticas para trabajar en las salas de clases. A partir de varios artículos, recopilamos algunas medidas que contribuyen a mejorar la convivencia y reducir el acoso escolar:

  • Prevención: La educación para la convivencia debe iniciarse desde las primeras etapas (infantil y primaria). Si se fomenta la construcción diaria de la responsabilidad, mediante la participación, la complicidad y la confianza del alumnado, se consigue una pauta imprescindible para la educación en la convivencia. 
  • Detección y participación de la comunidad: Todos los profesores deben involucrarse como equipo docente educativo, no sólo desde la tutoría, para incidir en el clima relacional del grupo, involucrando siempre al grupo de iguales y no actuando sólo con las personas consideradas individualmente, precisamente por el carácter dinámico de las relaciones. 
  • Participación activa de todos los alumnos: El alumnado es la clave en el proceso de la mejora de la convivencia. Que se involucren es fundamental y se debe trabajar para que se sientan protagonistas del proceso. Los especialistas proponen que no puede afrontarse este tema sin la participación activa del alumnado, como protagonistas de las relaciones que se dan en el grupo y como agentes que deben favorecer el clima del grupo en el que se encuentran al margen del espacio en el que se dé esta dinámica, sea en la sala de clases, el patio, la calle o cualquier lugar donde no haya un control y vigilancia adulta.
  • Desarrollar la inteligencia emocional: Varios estudios demuestran que disponer de competencias de inteligencia social y emocional, protege a los alumnos frente al acoso escolar. La Educación Social y Emocional, mejora las posibilidades de tener una respuesta adecuada ante situaciones de violencia. Los investigadores observaron que las tres vertientes de la inteligencia emocional (reconocimiento, regulación y respuesta de los sentimientos) influían en la respuesta que daban las víctimas ante un acoso.

*Este material ha sido recopilado por nuestro equipo a través de Global-InterPublic@.

***Revise nuestro programa Conectus A.S.E.; herramientas para el Aprendizaje Social y Emocional dirigido a escuelas y colegios: http://www.conectus.cl/site/ase-colegios/

El manejo de la frustración en los niños y jóvenes de hoy

Aprender a tolerar la frustración desde muy temprano, permite que los niños y jóvenes puedan enfrentarse de forma positiva a las distintas situaciones que se les presentarán en la vida.

La frustración es una vivencia emocional que se presenta cuando un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se llega a satisfacer o cumplir. Cuando esto pasa, a causa de la frustración, los adultos -y también los niños y jóvenes- experimentan en mayor o menor medida una serie de emociones como la rabia, la tristeza, la angustia, la ansiedad, etc. Al mismo tiempo, se trata de vivencias personales, por lo que cada uno puede enfrentarse y reaccionar ante estos hechos o eventos de manera diferente.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud –y como tal- puede trabajarse y desarrollarse.

En la vida, hay situaciones en las que conseguimos nuestros objetivos, deseos, etc., y otras en las que no. En la etapa infantil, los niños suelen pensar que el mundo gira a su alrededor, que lo merecen todo y que consiguen en el momento lo que ellos piden. No saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Es entonces cuando hay que empezar a enseñar a los niños a tolerar la frustración. Si los padres siempre dan a los hijos todo aquello que piden, ellos no aprenderán a tolerar el malestar que provoca la frustración y hacer frente a situaciones adversas. Por ello, en la edad adulta, seguirán sintiéndose mal cada vez que no consigan aquello que se han propuesto.

Intentar complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favorece su desarrollo integral como persona, ya que cuando sean adultos deberán enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de fracaso.

Existen varias teorías que defienden que, si no se enseña a los niños a aceptar los fracasos, es posible que desarrollen una actitud agresiva reincidente.

En general, los niños con poca tolerancia a la frustración:

  • Tienen dificultades para controlar las emociones.
  • Son más impulsivos e impacientes.
  • Buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata, por lo que, cuando deben enfrentarse a la espera o postergación de sus necesidades, pueden tener rabietas y llanto fácil.
  • Son muy exigentes.
  • Pueden desarrollar, con más facilidad que otros niños, cuadros de ansiedad o depresión ante conflictos o dificultades mayores.
  • Creen que todo gira a su alrededor y que lo merecen todo, por lo que sienten cualquier límite como injusto, ya que va contra sus deseos. Les cuesta comprender por qué no se les da todo lo que quieren.
  • Tienen una baja capacidad de flexibilidad y adaptabilidad.
  • Manifiestan una tendencia a pensar de forma radical: algo es blanco o negro, no hay punto intermedio.

Muchos padres intentan reducir o evitar las fuentes que causan frustración en el niño, y terminan por convertir cualquier de sus fracasos en un nuevo éxito. Para prevenir esta situación y conseguir que el niño tolere la frustración, los padres deben evitar la sobreprotección y no abusar de la permisividad. La conducta permisiva se manifiesta, con frecuencia, al ceder ante cualquier requerimiento del niño, de modo que este siempre consigue lo que quiere y nunca se enfrenta a situaciones negativas, problemáticas o frustrantes.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a tolerar la frustración…?

Para enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración, existen algunos consejos útiles como:

  1. Dar el ejemplo: La actitud positiva de los padres a la hora de afrontar las situaciones adversas es el mejor ejemplo para que nuestros hijos aprendan a solventar sus problemas.
  2. Educarlos en la cultura del esfuerzo: Es importante enseñar a los niños y jóvenes que es necesario esforzarse. Así aprenderán que el esfuerzo es -en muchas ocasiones- la mejor vía para resolver algunos de sus fracasos.
  3. No darles todo hecho: Si se les facilita todo y no se les permite alcanzar sus retos por sí mismo, es difícil que puedan equivocarse y aprender de sus errores para saber cómo enfrentarse al fracaso.
  4. No ceder ante sus rabietas: Las situaciones frustrantes derivan -en muchos casos- en rabietas. Si los padres ceden ante ellas, aprenderán que esa es la forma más efectiva de resolver los problemas.
  5. Marcar objetivos: Hay que enseñarles a tolerar la frustración poniéndoles objetivos realistas y razonables, pero sin exigirles que se enfrenten a situaciones que, por su edad o madurez, sea incapaz de superar.
  6. Convertir la frustración en aprendizaje: Las situaciones problemáticas son una excelente oportunidad para que ellos aprenda cosas nuevas y las retengan. De esta forma, podrán afrontar el problema por sí mismos cuando vuelva a presentarse.
  7. Enseñarles a ser perseverantes: La perseverancia es esencial para superar situaciones adversas. Si ellos aprenden que siendo constantes pueden solucionar muchos de sus problemas, sabrán controlar la frustración en otras ocasiones.

*Este material ha sido recopilado por nuestro equipo a través de Global-InterPublic@.

***Revise nuestro programa Conectus A.S.E.; herramientas para el Aprendizaje Social y Emocional dirigido a escuelas y colegios: http://www.conectus.cl/site/ase-colegios/